Crecer lejos de casa

Miguel Yonemoto dejó Durango para vivir en Ciudad de México. Una historia sobre migración, independencia y la búsqueda de un lugar propio.

En la capital aprendes a caminar al ritmo de otros, a no detenerte aunque no tengas a dónde llegar. La Ciudad de México siempre está viva, incluso su arquitectura se mueve. En el metro, en un transbordo, en el Centro Histórico, en las avenidas donde los claxons no descansan, todo parece atraerte al caos. El silbido en el andén, el carrito de los tamales, el sonido del camotero y las voces que resuenan en cada rincón de la ciudad, hacen ruido.

Entre el bullicio y la prisa se asoma la vida -intensa, diversa, imposible de ignorar- de esta ciudad que no deja de moverse. Miguel Yonemoto no nació aquí, nació a 766 kilómetros del caos, a hora y media en avión, 11 horas en camión y mínimo 2000 pesos de gasto. “Yone”, como le dicen sus amigos cercanos, nació en Victoria de Durango, Durango el 2 de julio de 2003.

El apellido Yonemoto llegó desde Japón con Kenichi Yonemoto, tatarabuelo de Miguel. Kenichi llegó a México por el océano pacifico luego de la Segunda Guerra Mundial, se instaló en Durango y formó una familia. Más tarde, la familia Roacho se trasladó de Tayoltita, Durango a la capital del estado. En la familia, dice Miguel, migrar es algo común, tiene familia en Durango, Sinaloa, Baja California, Michoacán, Ciudad de México e incluso Estados Unidos.

Yone decidió migrar a la Ciudad de México, pero no lo hizo escapando de la violencia, o de la pobreza, lo hizo para crecer, porque no solo se fue de Durango por mejores oportunidades laborales, también se fue para poder vivir y expresarse de la forma en la que quería: “Siento que en Durango a veces la gente es muy cerrada: muy tradicional, por así decirlo. Y aquí la gente está más abierta a tener distintos puntos de vista, a distintas formas de expresión y distintas formas de vivir tu vida”.

En la Ciudad de México la gente no está fijada en lo que haces o en cómo te vistes, cómo eres, cómo hablas, cómo caminas, te dejan ser libre y allá en Durango es así de que: “ay, él se vistió muy raro”

De Durango a Ciudad de México: los motivos para dejar casa

Durango, “Duranyork” o “Durancho” es el cuarto estado más grande del país. Según el censo de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Durango cuenta con una población de aproximadamente 1.83 millones de habitantes. Es famoso por haber sido set de múltiples películas de Hollywood, por la minería de plata y oro, por el clima variado y por ser el lugar de nacimiento de uno de los grandes caudillos de la Revolución Mexicana: Pancho Villa.

Esta tierra es históricamente del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Los terratenientes y los caudillos ejercían el poder político en la región, luego de la revolución, el poder se institucionalizó a través del Partido Nacional Revolucionario (PNR). Desde su creación y transformación, los valores del PRI son la primera fuerza política en el Estado, este se ha esforzado por prevalecer con coaliciones con otros partidos, con alternancia, pero sin transición.

En 2022 el PRI aseguró su legado a través de la coalición “Fuerza y Corazón por Durango” con el Partido de Acción Nacional (PAN) y con el Partido de la Revolución Democrática (PRD). La victoria del PRI deja entrever la inclinación de Durango hacía lo preestablecido, y ya me lo decía Miguel cuando me contó cuando ganó el PAN allá en el 2016. Sus padres, trabajadores de la Secretaría de Salud y de la Secretaría de Turismo del Estado de Durango, tenían un poco de miedo, no sabían si iban a perder su empleo, porque “en esta administración te puedes quedar, y en la que sigue, no sabes”.

Miguel fue el primer hijo, el primer nieto y desde ese momento se convirtió en el consentido de la familia. Desde niño estuvo rodeado por su familia, tuvo una infancia tranquila y feliz, nunca pensó en irse. Durante esos años tempranos conoció la existencia de la Ciudad de México por las ganas de conocer Kidzania, más tarde, en la secundaria, llegó por primera vez a la capital gracias a un concurso de robótica. En ese viaje, perdió el vuelo de regreso a Durango y tuvo más tiempo para conocer, fue en ese momento en el que vio la magnitud de la ciudad, su arquitectura, su gastronomía, su historia, su caos e incluso Kidzania.

Durante esa visita efímera se le plantó la espinita. Pero fue hasta un viaje durante la preparatoria que se dijo: “Sí, me gustaría vivir aquí”. A partir de ese momento, su plan de vida se fue encaminando hacía una vida en Ciudad de México. Miguel eligió estudiar la licenciatura en Administración en la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED). Eligió esta universidad por los convenios de movilidad que tiene con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): “yo entré a esa universidad con ese propósito, de que: yo voy a irme de intercambio a la UNAM”. Así, para su séptimo semestre, Miguel sería estudiante de la máxima casa de estudios.

“Aquí pasa todo, no solo de los trabajos, sino que había un evento y era aquí en la ciudad, había alguna expo y era aquí. Si quería viajar a otro lado del mundo era desde aquí”

Estudiar en la UNAM: el primer acercamiento a la vida en la capital

Cuando Miguel se mudó por primera vez a la Ciudad de México tenía 21 años, llegó a vivir en el pasillo de la salmonela, en la calle Odontología. Fue estudiante de intercambio en la Facultad de Contaduría y Administración (FCA) de la UNAM y tenía la ciudad a sus pies. Era otoño de 2024, conoció el mercado jamaica en su época más popular, vivió la época más festiva del año en la capital, fue al coca Cola flow fest, vivió con roomies y aprendió a hacer las cosas por sí mismo.

“Tú te mueves solo, haces las cosas tú solo. Te haces más independiente. Y eso me hizo ver que sí soy capaz de valerme por mí mismo. Entonces se me clavó aún más la espina de estar acá y sentirme seguro de que sí lo podía lograr”

Durante ese semestre, Yone se dio cuenta de lo que tiene la Ciudad de México que no tiene Durango: 1) Programas de becarios, o algo que se asimile a una inserción profesional mientras estudias; 2) Oferta cultural de museos, cines, exposiciones, eventos, talleres, obras; 3) Multiculturalidad: gente de todo el mundo. En ese otoño de intercambio, Miguel creó vínculos cercanos con sinaloenses, coahuilenses, franceses, colombianos, estadounidenses y claro, chilangos. “Cada cabeza es un mundo”, dice, cada persona que conoció, cultivó algo en su interior, sembraron intereses, conocimientos y distintas formas de expresión.

También conoció gente que va a trabajar como quiere ir vestida, gente “que está toda tatuada, perforada, que expresa su personalidad en su cuerpo. Eso es algo que allá está super satanizado. Un hombre con camisa rosa y ¡ay, es pecado! Y es lo que me gusta mucho de aquí”. Dentro de ese mundo de personalidades, conoció personas que lo llevaron a su primera función de teatro y que lo introdujeron a la vida nocturna de la ciudad.

A Miguel le gusta mucho el arte drag, aquí pudo conocer personalidades como Paris Bang Bang o a Yolanda, personaje de “Yolandeando con Yolanda”. Yone disfruta pasar tiempo en antros, pero también en bares y cantinas, es un apasionado por la historia de los espectáculos en la ciudad. También le gustan los conciertos, fue a ver a Lana del Rey, Kali Uchis, Bad Bunny, Poppy, Bb Trickz, Latin Mafia, Junior H, Rosalia, entre otros.

Vivir lejos de casa: construir una nueva vida en Ciudad de México

Yone se describe a sí mismo como valiente, creativo e inseguro. Lleva 15 meses en la Ciudad de México, y en esta segunda mudanza, ya no compró un boleto de regreso. Aunque se perciba a sí mismo como inseguro, empacó su vida en una maleta y se instaló en la colonia Altillo Universidad sin trabajo y sin la licenciatura terminada, llegó con el objetivo de hacer sus prácticas profesionales. Consiguió trabajo en menos de un mes como auxiliar administrativo en un despacho jurídico y contable. Dentro de la empresa, realiza auditorías administrativas, la contabilidad y próximamente será responsable del marketing (área de interés de Miguel).

En este primer momento, Miguel se decía: “creo que no es mi lugar”. Pero solo era la incertidumbre, “yo llegué y ya quería tener trabajo, ya quería tener un departamento, pero ya cuando se empezaron a acomodar las cosas, ya me sentí más a gusto y ya es como mi segunda casa”. Aún así, a pesar de que le guste mucho la ciudad, comenta: “mi casa siempre va a ser Durango. Es el lugar en el que crecí, en el que fui desarrollándome, pero la ciudad fue en el lugar en el que exploté todo lo que venía trayendo desde Durango”.

Miguel dejó su hogar para vivir una vida chilanga, lo más difícil que menciona es la distancia, a pesar de estar en un mismo país, no puede ver tan seguido a sus papás, a sus amigos, ni a su familia. “Siempre es difícil alejarte de las personas que quieres porque toda mi familia, mi núcleo cercano, igual de amigos, están en Durango. Y a pesar de que tengo amigos aquí, pues no es lo mismo, son personas que me han acompañado en más etapas de mi vida, pero lo más difícil siempre ha sido despedirme”.

Cuando el caos de la ciudad agobia a Yone, lo que hace es caminar, le gusta ir al centro y a Reforma. Un día pesado de trabajo o un día lleno de incertidumbre se cura con una caminata, esto despeja su mente. Camina entre calles coloniales o entre edificios modernos, entre pan de la ideal, vendedores ambulantes y entre la vibra ruidosa y caótica de la ciudad. Aunque en 2020, el INEGI haya registrado 308,686 inmigrantes en la Ciudad de México, migrar no es tarea fácil para nadie, es una decisión que se vive entre la distancia y el descubrimiento, entre lo que se deja atrás y lo que se construye. En ese proceso, Yone ha aprendido a apropiarse de la ciudad, encontrando en el caos un lugar al que puede llamar hogar.

Paulina Martínez Colín

Respuesta

  1. […] El Festival Internacional de Cine de la UNAM es un espacio de encuentro y diálogo entre distintas miradas cinematográficas. Cada edición reúne a realizadores mexicanos y extranjeros para compartir propuestas que abordan problemáticas sociales, culturales y personales. […]

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